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Si das más de lo que recibes en tu relación, esto es lo que realmente está pasando

¿Te has preguntado por qué siempre acabas dando más de lo que recibes en tus relaciones? Te esfuerzas, te adaptas, comprendes, perdonas… y aun así, te sientes sola, vacía y poco valorada. No importa cuánto hagas o cuánto amor entregues, parece que la otra persona nunca llega a devolverte lo mismo. ¿Y sabes qué es lo peor? Que en el fondo, sigues esperando que cambie. Sigues creyendo que si aguantas un poco más, si das un poco más, por fin te amará como mereces. Aquí viene la verdad incómoda: no es que él no pueda darte amor. Es que tú has aprendido a creer que no mereces recibirlo. Vamos a desmontar ese patrón doloroso y repetitivo. A lo largo de este artículo, te voy a llevar a un viaje hacia la raíz de por qué te pasa esto, qué creencias ocultas te mantienen atrapada y, sobre todo, cómo romper el ciclo de una vez por todas. Porque sí, hay una salida.

El verdadero problema detrás de dar más de lo que recibes

Cuando te entregas sin límites y te quedas esperando migajas emocionales, no es casualidad. Tampoco es culpa de la otra persona. Es un reflejo de tu programación inconsciente. Desde pequeña aprendiste —sin darte cuenta— que para ser amada tenías que hacer algo a cambio. Que el amor se gana, no se recibe porque sí. Tal vez viste a tu madre aguantar, cuidar y sacrificarse sin recibir nada a cambio. O quizás viviste en un hogar donde el amor solo llegaba cuando eras «buena niña» y hacías lo que se esperaba de ti. Eso dejó una huella profunda en ti. Tu cerebro absorbió esa dinámica y la convirtió en una verdad absoluta: «Si quiero ser amada, tengo que dar más de lo que recibo». Y ahora, de adulta, repites ese patrón. Es automático.

Creencias erróneas que te mantienen atrapada

  1. «Si doy más, me querrá más» → No funciona así. Cuanto más te anulas, menos te valoran.
  2. «El amor verdadero es sacrificio» → No, el amor verdadero es equilibrio, respeto y reciprocidad.
  3. «Si dejo de dar, lo perderé» → ¿Y qué pasa si sigues? Te perderás a ti misma.
  4. «Puedo cambiarlo si le demuestro cuánto le amo» → La verdad: solo él puede decidir cambiar, no tú.
Estas creencias no solo te atrapan emocionalmente. También te hacen proyectar una energía de necesidad que la otra persona percibe. ¿El resultado? En lugar de acercarse, se aleja más. En una relación, la forma en que nos comportamos y las dinámicas que creamos son un reflejo directo de la manera en que nos valoramos a nosotras mismas. Si en algún momento priorizas las necesidades de tu pareja por encima de las tuyas, en cierto modo, le estás dando un mensaje sobre cómo debe tratarte. Cuando constantemente le pones en primer lugar, sin asegurarte de que también se atiendan tus propias necesidades, estás permitiendo que se mantenga una dinámica donde él se prioriza a sí mismo, inconscientemente reproduciendo patrones que podrían haber sido heredados de su infancia o de experiencias no sanadas. Si no se ha trabajado en sanar esas heridas, es posible que, sin quererlo, caiga en viejos comportamientos que afecten la relación. Sin embargo, debes ser consciente de que, aunque el otro pueda tener heridas o patrones emocionales por resolver, tú también tienes una responsabilidad en la dinámica. Al permitir que estos patrones se perpetúen, estás cediendo poder y espacio para que te hagan daño, muchas veces sin darte cuenta. Esto no significa culpar, sino reconocer que en una relación sana y equilibrada, ambas partes deben ser responsables de su propio bienestar emocional y respetarse mutuamente. Si tú no te valoras lo suficiente para poner límites claros y cuidar de ti misma, es probable que la relación siga un ciclo de desajuste, afectando tu propio crecimiento y bienestar. Cuando le señalas que algo está mal o que te ha herido, su cerebro puede interpretar eso como un ataque a su valor personal. No es solo tozudez: es un mecanismo de defensa. La idea de estar equivocado es tan dolorosa que su ego deflecta, racionaliza o incluso te culpa. A menudo, ni siquiera son conscientes de que lo hacen. Y tú, ¿dónde quedas? Caminando sobre cáscaras de huevo, callándote para evitar que se enfade, sabiendo exactamente cómo terminará la discusión. No hay conversación real, no hay responsabilidad, no hay cambio. Solo más frustración. Cuanto más se repite el patrón, más evitan rendir cuentas y más frágil se vuelve su ego. Con el tiempo, la más pequeña crítica puede hacerlos estallar. Incluso si expresas las cosas suavemente, desde un lugar amoroso, su instinto es protegerse, no escucharte. Y ese es el verdadero problema: cuando alguien evita tomar responsabilidad, no solo esquiva la culpa y la vergüenza, también evita el crecimiento. Repite los mismos errores mientras las personas a su alrededor sufren. Tomar responsabilidad es una habilidad. Requiere anular ese instinto de proteger el ego. Y desafortunadamente, no todos están dispuestos a hacer ese trabajo.

Rompe el patrón — Ejercicios prácticos para cambiar la dinámica

Ahora que ya sabes por qué te pasa esto, es momento de actuar. Te propongo ejercicios poderosos para empezar a desmontar esas creencias y reprogramar tu inconsciente.

Ejercicio 1: Desenmascara tus creencias ocultas

  1. Escribe en una hoja todas las frases que te vienen a la mente sobre el amor y las relaciones.
  2. Pregúntate: ¿Esto es realmente cierto? ¿O es algo que aprendí de pequeña?
  3. Redefine cada creencia limitante. Por ejemplo:
    • Vieja creencia: “Si doy más, me querrá más”.
    • Nueva creencia: “Soy digna de recibir amor sin condiciones”.

Ejercicio 2: Reconecta con tu valor personal

Cada mañana, mírate al espejo y di en voz alta:
  • «Soy suficiente tal y como soy.»
  • «Soy digna de amor sin tener que demostrar nada.»
  • «Merezco relaciones equilibradas y saludables.»
Parece simple, pero este ejercicio reprograma poco a poco tu mente. El inconsciente aprende por repetición.

Ejercicio 3: Poner límites sanos (y mantenerlos)

Los límites no son muros, son puertas con llave. Te protegen sin aislarte.
  • Empieza por lo básico: ¿Qué cosas ya no estás dispuesta a tolerar?
  • Comunica tus límites sin miedo: “No me siento bien cuando pasa esto, necesito que hagamos algo diferente”.
  • Si no respetan tus límites, actúa: El amor sin respeto no es amor.

Después de reflexionar sobre los ejercicios anteriores, es el momento de dar un paso hacia el cambio. Es fundamental empezar a reconocer las dinámicas en las que tiendes a dar más de lo que recibes, y cómo esto puede estar impactando tu vida. Al hacerlo, podrás tomar decisiones más conscientes y equilibradas en tus relaciones, generando espacios de sana reciprocidad.

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Te mereces ser amada, sin condiciones. Y yo puedo ayudarte a lograrlo. ✨ Escríbeme y lo hablamos.  

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